domingo, 13 de enero de 2008

Jorge Uribe Navarrete, mi profesor


Cuando me fui de la Iglesia Santa Ana aún llevaba confusión en el alma; dentro de ese cajón había un viejito afeitado, sin bigote y con la piel cetrina que poco tenía que ver con Uribe, mi profe Uribe, el Perro Uribe, el Chanchi Uribe, Uribe el barrero, el ególatra, el vanidoso, EL periodista; porque él era como la encarnación de lo poco que queda del periodismo a la antigua usanza.

Pasé a comprar flores para llevarle, opté por un par de rosas rojas, pues el hombre que conocí era apasionado, lleno de energía que repartía solapadamente tratándote como un sargento ( con lo que odiaba a los milicos...) y haciendo que esa energía comenzara a surgir de ti. Escribí una tarjeta diciéndole chao, y un par de cosas que no alcancé a decirle en vida directamente. Apuesto a que la leyó, se cagó de la risa y pensó "mira la tonta como llora, y las leseras que me escribió, tan sentimentaloide! JA!mujer viejota escribiendo tarjetas como una niña".

No lloré mucho, pero si varias veces, de a puros pocos pensando en que mi cara aún no se recupera un 100% ( egoísta, como tú Profe, o como querías hacernos creer al resto de la humanidad que eras) y también escuchando tu voz -de pito como bien describió un colega- diciendo: "Ya hue.....a no llorís!!!" , y burlándose de los sentimientos de pérdida que lograste que tuviera. En el bus hacia Santiago sentía que quizás el Profe sabía que yo iba a andar cerca... y que me iba alcanzar despedir.

Estoy escribiendo párrafos Profe, no más de 6 líneas y espero que Uribe lo tenga en cuenta desde donde quiera que esté.

Vi la llamada perdida de Iris, mi también querida profe-amiga de la U, y no me extrañó, pero al ver que Cecilia me llamaba, algo latíó en el corazón; se me quebró el alma cuando me dijo "Uribe se suicidó anoche". El era uno de los pocos profes con lo que tuve una relación más personal, en la carrera de Periodismo; al menos él fue el único que siguó llamando, escribiéndome o mandandome recados. Fui su peor alumna: nunca ejercí.

Chanchi Uribe, profe... para tu orgullo seré tan dura como me quisiste formar y un par de días de tu suicidio no te puedo perdonar. Quizás mañana, quizás la otra semana. Eras una especie de "papá docente" que trataste desesperadamente reencantarme con el periodismo, cuando no pudiste más y te sailó definitivamente esta oveja negra renegada de la vieja escuela del reporteo, suspiraste -imagino- y me diste tu apoyo: las mejores recomendaciones a mi jefe, los consejos de "Siuxi quédate ahí no más, ¿donde vas a ganar más plata??" y hasta me pediste ayuda para una de tus "amigas", (viejo fresco!!!) jajaja.

Riamos mejor profe, con tus carcajadas teatrales y tu mueca habitual. Esta vez perdiste, Uribe, porque te entregaste, porque un periodista jamás debe ser o hacer noticia. ¡¡Mira donde terminaste!! en un cajón dentro de una iglesia! bajaste los brazos y aún no lo comprendo.

Seguiré contando tus anécdotas hasta que las recuerde: Vos te suicidaste, pero esta oveja negra no piensa dejar morir tu recuerdo. Hasta siempre, profe.


9 comentarios:

Angelita dijo...

si lo mas lindo es recordar los momentos más alegres y preciados y no buscar respuestas al porque de aquella desición, él a ti como a muchas personas que tubieron el placer de recibir sus enseñanzas se lan llevado un trocito de ese profe y lo tienen guardado en el fondo de su corazón

cariños amiga...

Hector dijo...

A la memoria de Jorge Uribe Navarrete

“Usted, profesor Uribe, es un arrogante. Camina con su pecho inflado, es chico y, más encima, mira por debajo a todos los que se le cruzan”. Él simplemente me respondió con su mirada. Quedó muy descompuesto. Nunca lo había visto así.

Sólo me había preguntado qué opinión tenía de él, mas la respuesta que le di fue categórica, una declaración de guerra, de esas que lo apasionaban.

Este relato corresponde al primer semestre del año 2002. Junto a mi reducido curso, nos juntábamos en su oficina para que nos enseñara acerca del Periodismo Informativo, en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile.

Desde ese día hubo una conexión especial con el autodenominado creador del lead “esperpéntico”, que se inicia con un “Prrrrrrrrrrr” o “Ratatatatatata”, imitando el sonido de las balas. Nos enfrentábamos personalidades opuestas, sobre todo por nuestras creencias religiosas, pero siempre hubo mucho respeto. Al final del semestre, con su particular tono de voz de pito, me dijo: “Vó, guatón canuto, vay a ser mi ayudante”.

Ser ayudante de Uribe era subir un escalafón en la élite de la Escuela, pero no me seducía del todo la propuesta. Su estilo no era de mi entero agrado, además lo veía falto de chispa para hacer las clases. Sólo quería jubilar (un anhelo que logró). De todas formas, asumí el reto.

El “Profe” era ególatra. Siempre nos contaba de sus aventuras en México, cuando escribía en el diario Excelsior, y de lo famoso que fue en tierras aztecas, donde incluso los cajeros del banco lo reconocían al ver su nombre en el cheque. Capítulos especiales eran sus tiempos de monaguillo y estudios de Derecho. Su orgullo lo hacía inflarse al tope cuando recordaba la entrevista que realizó a Saddam Hussein y sus episodios como corresponsal en la guerra del Golfo Pérsico. También, siempre mostraba una serie de sus artículos que publicó La Nación.

Pero lo que más tenía marcado en su vida como periodista fue cuando trabajó en La Moneda como asesor comunicacional del Presidente Salvador Allende. Aquel 11 de septiembre vio cómo caía su sueño de un país justo. Desde ese día supo que el exilio sería su futuro.

Sin duda que ya no era el mismo, incluso estuvo casi un semestre completo con licencia médica por sus problemas depresivos. Incluso hasta su característico bigote desapareció.

Su última gracia fue el día de mi examen de grado, en abril de 2005. Él estaba dolido por no pedirle ser mi profesor guía de tesis. Nunca me lo dijo. De todas formas, sentí su particular afecto cuando en medio de la exposición entró, miró, se sentó, no alcanzó a estar más de cinco minutos y se fue haciendo ruido con su celular. Alguien lo esperaba. Esa fue la última vez que vi su humanidad de un metro 65 centímetros, muy bien maquillada con su personalidad de un metro 85.

Jorge, gracias por lo que me entregaste. Dios te bendiga.

Héctor Orellana Flores, periodista Usach.

Danziker dijo...

Nunca tuve clases con el, pero recuerdo muy bien su figura por el corredor de peridismo, con cara de apurado y entrando a la 806 como quien entra a la oficina un dia lunes...

La verdad es que cuando pregunte quien era, solo recibi una mirada incredula y un " No sabes quien es Uribe Jones??" .

Salud al hombre...
Salud al profesor...

Estamos P'al "Gato" dijo...

Una pérdida irreparable, pero de seguro estará presente por mucho tiempo en la memoria colectiva del país.
Tuve la osadía de copiar tu testimonio, pero agregué la fuente.
Supongo que estará permitido.
Lo puedes encontrar en http://gatogamboa.blogspot.com

Un abrazo.
Gonzalo

DumuziBebe dijo...

Que lata lo de las perdidas no se que decirte............mucho animo y como bien dijiste unos vienen y otros s evan.
Mil besitos.
Marcela.

Brisa de Amor dijo...

Que le pudo haber pasado por la mente, que desesperación oculta para semejante desicion, que no pudo siquiera llegar a dejar en un parrafo para que alguien evitara este desenlace...
Que Dios lo tenga en la gloria y perdone su acto final a una vida que por lo que te leo fue integra y digna!

Besos y que la llegada de Gonzalo traiga un poco de luz en esta tristeza. Animo amiga!

Anónimo dijo...

¡WOW! Lo lamento, también! Intenso tu escrito. También te golpeó su partida. Mal FDS...Saludos!

Shelby dijo...

Estoy desvelado son la 1 y 30 y aun no me saco de la cabeza la partida del viejo zorro... por eso de google, me encontré con esta nota de la amiga Su ... si es triste que bajara los brazos y que no lo volvamos a ver. Es más triste no haberle dado el apoyo que necesitó, pero como saberlo...
También Su me imagine al viejo echando la talla en su funeral, incluso llegue a pensar que era una broma, para reunir a la tropa, pero no fue así, quien sabe donde esté ahora, quizas reunido con su fiel amigo El Cholo, haciendole un cariñito en el lomo o poniendole una pata en el culito, por mearle la puerta a San Pedro.

Penélope dijo...

A menos de una semana, sigo preguntándome por donde andará vagando el Profe... pa ir a darme una vuelta y oir sus aventuras, o al menos un eco de su risa.
Nos marcó de vida y de muerte, socio Chascón; ni nos dimos cuenta como seguimos siendo Los Chicos de Uribe.